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domingo, 26 de febrero de 2012

Amor Entre Dioses Gilraen y Hércules Parte X

Al salir del infierno Gilraen se dirigio hacia el poblado mas cercano para continuar su viaje y Ninde viajaba sobre su hombro, Ninde le dijo a Gilraen que quizas seria bueno buscar un medio de transporte mas rapido o les llevaria años completar su viaje, ese momento divisan a lo lejos a los caballos mas hermosos,el cielo dejaba pasar algunas nubes ligeras, que se entretenían con la cima recortada de la sierra. Y unas cuantas bandadas de pájaros, pasaban de norte a sur, volviendo quién sabe de dónde, a buscar el cobijo de las totoras y cañaverales que cubrían la laguna cercana.
unas chicas y muchachos llegaron a buscar su caballo; debían arreglar los aperos, las cinchas, las monturas. Era un grupo de unos veinte jóvenes los cuales, Llegarían al poblado cercano, para continuar al día siguiente el recorrido prefijado, que los llevaría a la desembocadura del río. Con paso tranquilo, cuando el sol se ocultaba tras una arboleda, el grupo llegó al lugar donde pasarían la noche. Las cabañas ya alquiladas con anterioridad, los resguardaron de la fría oscuridad. A la mañana siguiente, bien temprano, emprenderian el más importante tramo de la travesía, llegar hasta el Lago.
Debían costear en gran parte el río. Se alejarían un poco de su margen sólo en una zona abrupta, con grandes piedras, internándose en un cerrado bosque de acacias y laureles. El sol alto sobre sus cabezas daba crédito a un día de buen clima, aunque al llegar nuevamente al borde del río, para seguir su orilla, los caballos parecían inquietos. Elías, el instructor decidió parar en un recodo, para descansar.
fue en ese entonces que Gilraen tomo uno de los caballos y se marcho junto a Ninde.
El sol siguió imponente en el cielo, y los acompañó hasta que llegaron a la desembocadura del río, apareciendo frente a ellos el gran lago. Éste parecía un mar embravecido, con olas que rompían en su costa, cual si fuese el Océano Atlántico. El ruido ensordecedor de las olas, conmovió a Gilraen pues recordo el mayor de sus miedos,caminaron por la costa un largo trecho, hasta que a lo lejos vieron la silueta de una mujer parada con sus pies en el agua. Las olas mojaban su vestido. Lentamente se fue acercando.
Ella recién en ese momento percibió la presencia de Gilraen y Ninde, quienes la miraban con asombro. La mujer dijo de pronto como poseída por algo:
- Soy la sobreviviente de mi propio naufragio. Continúa mi sorpresa al estar viva. Parada hoy frente a mí, detecto la desesperación de quien ha sido obligado a expulsar la vida de su futuro. Las olas barren la arena por la noche, se llevan las tristezas, algún recuerdo. Queda lo inmediato. Me acuesto boca abajo en la playa, con la vista al mar, el agua sobrepasa entonces el nivel de la tierra. ¡Vendrá toda sobre mí y lo barrerá todo! El mar se contiene entonces y espera, me da una oportunidad. ¡Tomar una decisión y sostenerla, no esperar nada! ¡Llegar a un punto de asfixia en que se cambia desde adentro, cuando el salitre se clavó en la retina! ¡Entonces se es…!
Y Gilraen se acercó a ella, mirándola con dulzura.
- Señora- le dijo, -¿Qué le ocurre a usted? ¿Está perdida?
- No- dijo ella,-acabo de encontrarme- pronunció por toda respuesta y se confundió con la luz del sol, que en ese preciso momento se ocultaba sobre el lago, formando una bola anaranjada, que todo lo teñía.
Cuando el sol ya se hubo escondido en el horizonte, el cielo se puso rosado, y ella ya no estaba. Ninguna la vio ingresar al agua, y no había lugar donde refugiarse ni esconderse en la costa, pues esa zona era de hierba rasa. entonces una vez mas Gilraen estaba sola pensando en que cada una de las personas que aparecian en su camino la acercaban mas a Hercules.Una y otra vez se repetía la misma historia Hace mucho que me encuentro sóla aquí, sin ver a los dioces . Periódicamente, me acercan a este lugar todo lo que necesito, y lo dejan junto a mi. Cuando deseo alguna cosa, sólo tengo que ir y tomarla.
A veces confecciono una lista en la que detallo lo que quiero, pero normalmente no es necesario, porque ellos saben lo que me hace falta, pero aun asi no seria mas facil simplemete que me mostraran y llevaran donde esta mi Hercules?.
Bueno el viaje continuo y llegue al pueblo, la gente me daba miedo, por eso ese día recuerdo que me sobresalté al descubrirme parada allí, en medio de todos, sin saber cómo había llegado a ese lugar. Me sentí expuesta y temerosa, sin embargo, todos me ignoraban, cada uno estaba en lo suyo. No me atreví a moverme y sólo atiné a mirar lo que ocurría.
Hacía mucho que no me detenía a observar a las personas, y ya ni siquiera intentaba acercarme a ellas. Muchos caminaban de prisa, otros se hallaban sentados en los bancos de la plaza, descansando.
Lentamente comencé a moverme, mientras pensaba qué hacer a continuación. Decidí preguntar sobre el lugar dónde me encontraba, pero nadie entendía una palabra de lo que yo decía.
Seguí caminando, tratando de recordar qué hacía ahí. La situación era realmente extraña, y me esforcé en encontrarle sentido a lo que me estaba ocurriendo.
Algunas personas notaron mi presencia y se dieron cuenta de mi nerviosismo. Intenté controlarme, pero no paraba de temblar. Alguien me alcanzó algo para beber, que no supe qué era. Todos se mostraban asombrados por lo que me sucedía. Pronto apareció lo que consideré un equipo de seguridad, que se encargó de llevarme a un especie de laboratorio. Allí me interrogaron, pero por supuesto, nada pude responder. Me tomaron muestras de sangre y me hicieron diversos estudios.
Al terminar, me miraban extrañados y por sus gestos, deduje que hallaron ciertas anomalías.
Me proveyeron de alimentos desconocidos para mí, pero que tenían buen sabor, me trataron bien y hasta intentaron enseñarme algunas palabras de su extraño idioma. Me sentí feliz, me di cuenta que había encontrado un lugar muy especial, y eso me hizo sentir renovadas esperanzas, que hacía tiempo había perdido. Uno de ellos me regaló una rosa, de exquisito perfume.
Dejé de sentir miedo y esa noche dormí profundamente, sin ningún temor.
en la mañana desperté sin saber en qué lugar estuve ni cómo regresé, aunque sentí un gran alivio al ver que me encontraba nuevamente junto a Ninde.
Miré sobre mi cama, y vi que la rosa estaba comenzando a marchitarse. Entonces pensé en mi propia vida, y me di cuenta de que, de alguna manera, tenía que volver a confiar en que encontraria a mi Hercules...

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