Era una mañana fría del 9 junio, ya van unos meses (parece
mentira cómo pasa el tiempo). Con mis veinte y nueve años, melancólico,
aburrido, con mi mente quién sabe dónde, mientras se oía a lo lejos el
parlotear de las enfermeras de oncología y mis dedos vagaban por la superficie
de una tibia silla. Pensaba en muchas cosas (aunque mis cosas, la mayoría de
las veces, giraban alrededor de mi no me gustaba compartirlas con nadie) En ese
momento, se abrió la puerta de la consulta del Doctor y volví de las nubes
nuevamente a mi Silla; salió una enfermera no me acuerdo cual era su nombre,
pero si ella supiese que trazó mi camino por el resto de mis días... Miró hacia
mi silla y dijo: - Joo joveen, pa paase y tome asiento en el Sofá. Su mirada no
me había gustado y mucho menos su tono tembloroso de voz. Ingrese a la consulta
y me senté en un gris sofá que estaba frente al escritorio del Doctor. - Hola,
tranquilo no te pares. Se sentó a mi lado en esos momentos supe que algo ya
andaba mal, cada vez que hablaba mis oídos se comenzaban como a una especie de
nublar lo escuchaba de cada vez mas de lejos, mientras trataba de asimilar lo
que escuchaba. Al salir de ahí yo, estaba aburrido, triste, (no tenía intención
de regresar a mi ciudad) Caminé lentamente por esos pasillos junto a la playa.
Pero mi mente seguía nublada al igual que mis oídos ni siquiera sentía las olas
del mar, es mas ni siquiera me había dado cuenta de que mi amiga quien me había
acompañado al médico aun estaba a mi lado, ella no paraba de llorar y yo solo
pensaba en caminar. Ahí estaba, meditando, mascullando mi tristeza. así me
encontré llorando, llorando sin consuelo, mientras escuchaba la voz de ella,
dulce como un murmullo. Aún recuerdo mi llanto inconsolable y ¡qué vergüenza
sentía al verterlo!. En ese momento hicieron eco todas mis tristezas
acumuladas, toda la incomprensión que yo sentía que me atosigaba, toda mi
soledad, toda mi angustia... y ella me escuchaba. Fue eterna nuestra charla,
luego me puse de pie y le dije es hora de que regrese a mi ciudad. Me miro se
acercó a mí, me regaló esa maravillosa sonrisa, que nunca podre olvidar. Aún
hoy, entrecierro los ojos y la veo sonreír como en ese instante, como en todos
los instantes. Tomó mi cara con el hueco de sus manos y muy suave, muy tierna,
me dijo: - Ya no estás más solo, ahora tienes una hermana a tu lado. Dicho
esto, me besó en la mejilla y nos fuimos al terminal de buses. Yo, quedé largo
rato abrazándola y sin reaccionar... Bueno llegue a Calama el día 10 en la
noche así pase, toda la noche en mi cuarto pensando en lo espantoso, lo
tremendo, en todo lo que se venia, solo podía pensar en mi pequeña hija y
algunas otras personas que también me querían mucho. Fue cuando decidí escribir
quizás mi mejor pero más triste ultima historia
- “Hoy es martes 14, son las cinco de la mañana, y el
maldito dolor no me deja dormir...”
- “Hoy es lunes 20, son las 8 de la noche y estoy acostado
nunca antes me había acostado tan temprano...”
Muchas veces a través de los años, mis poesías, mis
escritos, resultaron premonitorios. Aún hoy, leyendo versos de hace tanto
tiempo atrás, me estremezco por sus palabras, tan actuales y tan reales.
Gilraen, una de las más dulces amigas que he tenido, se desesperaba por saber
la causa de tanto llanto y cuando, al fin, me decidí a contárselo, me arrepentí
y es que lo único que causa la noticia es tristeza La miré, llorando
desconsoladamente. Me miró muy dulcemente, y me dijo: - juntos saldremos
adelante Yo la escuchaba y aún no lograba entender por qué le había contado. No
podía mirarla. ¡Qué dolor!, ¡qué rabia!. Me sentí muy mal y es que a ella le
afecto mucho pero me había sacado un gran peso de encima, pues aún no le
contaba a nadie más y mucho menos a mi familia y necesitaba que alguien lo
supiera. Los días siguientes tuve que volver al trabajo, armarme de fuerza y
valentía para no demostrar nada, para que mi vida pareciera normal. nuevamente
tenia a Paola a mi lado, aunque también
fue igual de doloroso el haberle contado a ella, pero al menos me sirvió ya que
ella siempre estuvo a mi lado, cada tarde al salir del trabajo me visitaba me
acompañaba me alentaba, nos divertíamos cada tarde haciendo locuras,
alegrándonos , riéndonos haciendo cosas que me hacían olvidar todo lo que había
detrás, era increíble como su compañía era mi mejor medicina, ella siempre
estuvo en las etapas más importantes de mi vida, desde la enfermedad de mi tía,
hasta los momentos posteriores a mi separación, ella siempre me acompaño y
apoyo incondicionalmente y era la única persona que tenía a mi lado, hasta que
no sé por qué razones, se alejó por un mes, a esta etapa de mi vida la llamo
Siendo Estúpido , fue ahí donde mis miedos, miedo a la soledad, miedo a que
algo me pasara, miedo a morir quizás sin nadie a mi lado, me llevaron a cometer
el mayor de mis errores de ese año, errores de los que aprendí, errores que ya
no volveré a cometer para lo cual talle en mi corazón la frase “Enamórate cuando te sientas listo, no
cuando te sientas solo “ La vida es como un viaje en autobús, algunos comienzan
el viaje junto a ti, otros se montan a la mitad del camino, muchos se bajan
antes de que llegues al final de tu viaje y muy pocos permanecen junto a ti
hasta el final... Pero lo importante es que cada una de esas personas dejan
algo en tu Corazón lo cual recordaras a lo largo de éste hermoso viaje de la
vida... Disfruta el viaje no sabes cuando llegue tu parada” Bueno así paso el
tiempo y se hicieron interminables los seis meses que restaban para terminar el
tratamiento o esperar lo peor. En esos momentos me aleje de mi hija por que
tenía miedo. Miedo a todo lo que había sembrado en mi mente y mi corazón no
quería verla mas sufrir ni llorar por mi culpa, Hacia noviembre, me entregaron
nuevos resultados. Dios mío, aún recuerdo ese momento... el doctor estaba hay
entregándolos el vestido todo de blanco, como un dios del Olimpo. Comenzó a
llamar por orden alfabético, uno por uno, a los pacientes Había llamado, por lo
menos, seis antes de mí, así y todo, a pesar del tiempo que tuve para ir
reponiéndome, no podía ponerme de pie al irse acercando mi nombre. Al fin lo
logré, y me acerque al mesón, temblando. Recuerdo que no lo miré, y en cambio
sentí todas las miradas de la clínica sobre mí, quemándome, lamentándose,
horrorizándose. Pensé en echar a correr, pero en ese instante sentí la mano de
ella, de mi gran amiga quien nunca me había abandonado estuvo siempre allí
conmigo. Mi alejamiento fue una huida, y habrían de pasar muchos días hasta que
volviese a caminar por las calles de mi ciudad. Sólo en ese instante, volví en
mí y oí que estaba envuelto por el ulular de infinidad de sirenas y que iban y
venían ambulancias, camiones y automóviles por doquier. Así, hora tras hora,
día tras día, sin sentarme apenas, sin dormir. Y ahí descubrí que mi dolor, mi
desesperación, debían desaparecer. Qué horrible era volver y encontrar camas
vacías, biombos corridos, silencios, donde antes había llantos. ¡Cómo pasa la
vida y qué sorpresas nos ofrece en cada vuelta de sus caminos impredecibles!...
Muchas personas que estuvieron al principio se empezaron a alejar y otra vez
estaba solo sufriendo mi enfermedad en silencio cada noche sin una señal, ni un
nombre, ni un mensaje y sin embargo, ahí comencé a descubrir que así serían los
días que seguían, porque quizás fui yo quien se alejó. Hasta que en Marzo
encontré la felicidad y su nombre era Ángela y bueno esa etapa que siguio de mi
vida la llame felicidad ya que fue todo tan bello pero tan de prisa que me
preguntaba : ¿Había sucedido todo en realidad?. ¿No seria una jugarreta de mi
fructífera imaginación?. ¿Había estado entre sus brazos?. ¿Me había besado?.
¡Dios mío!. No quise pensar mas, ¡nada más!. ¿ella... ella me quería?, ¿ella
también había estado sufriendo?, ¿ella también me extrañaba?, no quise pensar
más, ¡no quise! ¡no podía pensar más!. Y le escribí así: No has pronunciado
palabra, y sin embargo me has dicho tanto, me miraste dulcemente, fijamente, un
solo instante y ha bastado esa mirada para mi corazón amante. Con tus ojos tu
me has dicho lo que no osabas decir, y a tus ojos yo les creo, ellos, no saben
mentir. Distraídos nos mirábamos, sin ni siquiera mirarnos, mas en un preciso
instante, enlazamos nuestros ojos tú a los míos, yo a los tuyos y soñamos...
soñamos con un futuro, que jamás tal vez vendría y al mirarme en tus pupilas,
yo soné que me querías. ¿Qué has pensado en ese instante, infinito y tan
pequeño?, ¿qué pensamiento Divino, cruzó tu mente, mi dueña?, ¿qué misterio
inexplicable atrajo nuestras miradas hasta causarnos rubor y no dejar decir
nada?... Fue tan breve ese momento y empero, ha durado tanto, fueron tantos los
secretos de que hablaron nuestros ojos, hasta se osaron decir, que nosotros nos
amamos, y nosotros, nos turbamos brevemente, mas callamos, entrecerramos los
ojos, por temor a decir mas y sin quererlo siquiera, sonreímos, suspiramos. No
la llamé en esos días, tenía miedo y al mismo tiempo quería ordenar mis ideas.
Y hui, desesperado. ¡Qué terrible confusión pasó por mi mente y mi corazón en
los días subsiguientes!. La llamaba... sólo decía: Hola... Y
ella me contestaba: Hola... Y los segundos transcurrían, sin decirnos quizá
nada, ninguna palabra. Estábamos ahí, el uno junto al otro en el teléfono, sin
ni siquiera respirar, y en ese hola iba todo nuestro amor, todos los “te
quiero”, todos los “te necesito”, “me haces falta” del mundo. ¡Y yo era
inmensamente feliz!. ¿Lo era ella?... Pasaron los días nuevamente mi estado
empezaba a empeorar, en mi trabajo notaban que algo sucedía, pero no preguntaba
(quizá pensaban que eran riñas de novios, no se) y nuevamente estaba ahí,
buscando la manera de alejarme porque no quería volver a dañar a alguien me
faltarían palabras para consolarla, palabras que aún no conocía, porque aún no
conocía la vida. Hoy podría haberle gritado que me alcanzaba con esos pequeños
instantes que estaba a su lado, que era feliz con solo escuchar su voz, que era
feliz conque el nuestro fuese un amor prohibido, y que con orgullo lo gritaría
a los cuatro vientos. Pero decidí contarle también a ella por el amor que le
tengo ya que no debían existir secretos entre nosotros, pero cuando se lo dije
y escuche su llanto creí que el cielo y la tierra se entremezclaban, el piso se
hundía debajo de mis pies, mi cuerpo se tambaleaba, veía todo nublado. Sentía
náuseas. Me sentí morir, ¿Cómo fui capaz de contárselo a ella?, ¿podre borrar
su mente? Yo creí que ya tocaba las llamas del infierno, y pensé que si la
muerte era tan terrible como decían, nunca podría acercarse al horror de ese
momento.
A pasado ya mucho tiempo de esta lucha y muchas cosas
buenas me han pasado, al fin esta historia llegara a su final; hoy es 07
de Junio de 2013 ya casi 2 años Dios Mío ¡¡¡¡ cómo pasa el tiempo al final todo
saldrá bien, y si no sale bien, es que no es el final.
Debo reconocer que de nuevo el miedo a irrumpido
en mi interior, una vez más he revivido aquel horrible momento con el mismo
sentimiento que notas cuando ves una película de terror. Esta vez de
una manera menos intensa pero que no desaparece del todo, dejando en mí, la
sensación de que ya no estoy seguro. Río en lugar de llorar por no
mostrar en público lo cobarde que me siento ahora mismo. Cobarde e
inseguro son los adjetivos que mejor me definen en este momento. No
poder olvidarlo, sacarlo de mi mente, mirar continuamente hacia atrás
pensando que ahí estará, para hacerme daño una vez más. Es una paranoia que me
persigue y no me deja en paz. Desaparece por favor, no puedo más con esta
angustia. Algo me dice que tire para delante, que sea fuerte, que tenga valor,
que le plante cara, y yo...
Yo solo siento que no puedo seguir llamando pidiendo
socorro, porque habrá un día en el que ya no venga nadie, ni puedo
plantarle cara porque mi miedo bloquea cada parte de mi cuerpo y acelera mi
corazón. No puedo pasar de largo y disimular no verlo, porque sé que está ahí.
Simplemente, no puedo, así que desaparece ya por favor.
Pero bueno que eso no me afecte ya que en
estos 2 Años, He crecido, madurado, y cambiado. Mis prioridades ya no son
las mismas que las que tenía hace dos años y las cosas que me afectaban también
han cambiado. Durante todo el camino, he aprendido a valorar más algunas cosas
y un poco menos muchas otras.
He aprendido que no hay nada eterno, que todo se
acaba. Que todo tiene un final y que nada podrá impedirlo.
Dicen que mueres dos veces, una
cuando tu corazón deja de latir y otra cuando la última persona que te
recordaba, te olvida. Que hay recuerdos que se clavan y otros que simplemente
se olvidan. Pero también he aprendido que los mejores momentos no se planean,
se improvisan.
Aprendes a vivir la vida al día,
sin planes, sin ruidos. Tratas de huir constantemente de la rutina, de olvidar
tus responsabilidades, pero tampoco puedes...
ya
no soy un niño que cuando cometía un error tenia a los adultos para arreglarlo.
Asumo mis errores y mis aciertos, mis derrotas y mis victorias y aprendo de
ellas, aprendo de todo.
Aprendí que la vida es una lección
constante y que cada golpe, será una futura victoria. Hay muchos tipos de personas, están los que llevan amuletos,
los que hacen promesas o incluso apuestas. Los que imploran mirando al cielo
esperando un milagro y los que siguen corriendo cuando les tiemblan las
piernas, convencidos de que la vida misma, es un desafío. Sufren pero no
se quejan porque saben que el dolor se pasa, las lágrimas acaban y el cansancio
se termina, pero hay algo que nunca desaparecerá, la satisfacción de haber
logrado alcanzar tu meta.
No todas las heridas son superficiales. La mayoría de
las heridas son más profundas de lo que podemos imaginar. No puedes verlas con
la vista. Y luego están las heridas que nos cogen por sorpresa. El truco de
cualquier tipo de herida o enfermedad es buscar a fondo y encontrar el
verdadero origen del daño. Y una vez que lo has encontrado… intenta a más no
poder curar ese golpe El dolor solo hay que aguantarlo, esperar a que se
vaya por si solo y a que la herida que lo ha causado cicatrice, no hay
soluciones ni respuestas sencillas, solo hay que respirar hondo y esperar a que
se calme.
La verdad es que a todo el mundo le gusta pensar que
puede ser fuerte. Pero ser fuerte no solamente se trata de ser duro. Se trata
de asimilarlo. A veces tienes que darte a ti mismo permiso para no ser fuerte
por una vez. No tienes que ser duro cada minuto de cada día. Está bien bajar la
guardia. De hecho, hay momentos en los que es lo mejor que podrás hacer.
Siempre que escojas tus momentos con la cabeza
Puede que no tengamos que ser felices, puede que la gratitud
no tenga nada que ver con la alegría, puede que ser agradecido signifique estar
contento con lo que tienes, apreciar las victorias, admirar la lucha que
implica seguir viviendo. Quizás estamos agradecidos por lo que nos resulta
familiar y puede que por las cosas que no sabremos nunca. Al final del día el
simple hecho de tener el valor de no derrumbarnos, es suficiente motivo para
celebrarlo
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