La princesa que vivía en la altísima torre debió buscar la forma de bajar por sus propios medios, pues el príncipe verdadero jamás llegó para salvarla y ya con tantos hijos a cuestas, se convenció al fin, de que tan esperado caballero jamás llegaría para quedarse. Así que valientemente se echó con sus hijos por la ventana y caminó con ellos en busca de una felicidad distinta, lejos de la fantasía de que seria un hombre quien le daría la felicidad.
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