Me despertaron sus sollozos, era como un murmullo, un eco distante… sabía que no había nada, porque mi niña se ha ido.
Había llorado tanto sin un consuelo, lágrimas ya desabridas sin gusto a sal. Instintivamente corrí a buscarla. No estaba en el armario, ni bajo la cama, detrás de los sillones, ni oculta estaba en la cortina de mi alma.
De pronto los recuerdos se agolparon, vinieron de repente. Un torrente de imágenes, chispazos hirientes cual chasquidos lapidando mi memoria. Recuerdos de esa tarde. Regresó la bestia…
Y no pude hacer nada. No pude defender a mi niña. Me tenían embriagado con mentiras, enajenando mis ilusiones y mis sueños. La entregué como en una ofrenda para sacrificio. Se ha ido, despierto, ya no duerme a mi lado, ya no la miro en el espejo cuando me levanto. Ya no canta alegre, ni sonríe por la nada. Mi niña se ha ido…
No hay comentarios:
Publicar un comentario