Mis manos frías deambulan inquietas en los bolsillos de mi chaqueta, como queriendo encontrar un refugio a la ausencia de calor.
Camino por anchas rutas de noche, todo es silencio y quietud, solo un saxofonista tirado en el piso ofreciendo su arte rompe el silencio abismal de una ciudad adormecida por el frío.
Ciudad de colores grises y tenues luces que siembran una vida apenas perceptible.
Mis pasos hacen vibrar el suelo de cemento, los faroles parecen ladearse a mirar mi sombra marchita.
Estoy pegado al pavimento de esta ciudad y yo solo quiero volar... a Hawai.
No hay comentarios:
Publicar un comentario