¡Callen! ¡Callen! ¡Ya basta!
¿Por qué no se quedan callados?
¿Por qué me persiguen?
Necesito paz y no la tengo.
¿Por qué?
¿Por qué otros son felices y yo no?
¿Por qué los demás aman y yo no?
¿Por qué los demás ríen y yo no?
¿Por qué los demás tienen un corazón y yo no?
¿Por qué está tan vacío mi pecho
y tan fría mi alma?
¿Por qué éstas voces no salen de una vez de mi cabeza?
Ya no me dejan pensar,
ni soñar,
ni reír,
ni llorar,
ni vivir.
¿Cómo las podré callar?
Aunque corra me alcanzan,
pues no puedo hacer nada bien,
todo lo estropeo.
Si pudiera hacer algo bien, sería como los demás,
Soñaría.
Reiría.
Lloraría.
Estaría vivo y no muerto.
¿Pero qué pienso?
Los muertos no pueden volver a la vida.
Los muertos no se levantan de sus tumbas,
incluso si están abiertas.
¿Por qué no me rindo de una vez?
si nunca lograré nada,
si nunca me levantaré,
porque es imposible que lo haga,
nunca saldré de éste hoyo,
¡y todo por culpa de ellos!
Me han arruinado la vida.
Han destrozado mis sueños,
han creado éstas voces en mi cabeza,
que ya no las soporto.
¿Cómo las haré desaparecer si no puedo?
Tal vez, las voces no tienen que desaparecer,
si desaparezco ¿Cómo las oiré?
¡HA!
¡Encontré el remedio! ¡Qué consuelo!
Que paz, que tranquilidad.
Cuanto anhelaba una salida,
aunque me lleve a un risco,
es una salida, una muy fácil, debo decir.
¿Qué es eso que brota de mí?
Qué bello color: Carmesí.
¡Se han callado! ¡Lo logré!
Ahora, creo que el que debe callar soy yo,
ya no quiero hablar nunca.
Jamás volveré a hacerlo.
Cerraré mis ojos y descansaré.
Hay de mí, si aún hablara.
podría decir todo lo que un día no dije.
Podría decir....

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