En resumen, eso es todo, así dijo y en realidad no habia dicho mucho, en resumen, compactó todo e hizo sólo un epígrafe de un gran tomo. Pensé que así era como las mujeres dan paz a los huracanes, revisé el pecho y aun latía el amor en las dos costillas. Todos los males amorosos dejarían de existir si se mudara el corazón a la cabeza.
Al menos tuvo la valentía de decirme que me iba a extrañar, me dije, al menos yo sé que no quedaré más que en su memoria y al menos ella no sabe que yo la llevaré en todos lados.
Iba recorriendo la calle contrapuesta a la de la despedida, meditando y analizando con ojo quirúrgico las incisiones que hicieron nuestros amores furtivos en las avenidas, ahora tan polvosas y feas, que parecían incluso inseguras. El amor es el único espejo que diluye la perspectiva y muestra algo que no estuvo, que no está ni estará.
El camino de cemento estaba solo y cansado, ella ya no estaba para hacerle el dos a mis pasos. Así venía meditabundo cuando me asaltó la idea traicionera de que esta vez era para siempre.
Vamos a ver qué pasa mañana, me dije, vamos a ver qué pasa...
La mañana resultó sin esbozo de sonrisa, sin señales de que dios pasara, ni el diablo que tanta falta me hacía. Revisé el celular y sólo apareció un mensaje de la compañía telefónica, me dije, creo que esta vez iba enserio porque me miró fijo, como si quisiera recordarme con mi cara de idiota, toda la vida. Aun es temprano, recapitulé, aun no es tarde, podemos encontrarnos en algún lugar.
Revise la bandeja de entrada y dejé que mi ingenuidad saliera al quite, pensando que quizás podría haber un mensaje que no pasara revisión y que entrara y se alojara en el buzón. Tonto de mí que aun espero imposibles, no puedo seguir jugando al niño con la tecnología. Sólo había mensajes de la compañía en el catálogo de recibidos, si tan sólo te llamaras movistar todo estaría bien, me dije, todo estaría bien.
Con el poco patrocinio de mis andanzas por aquí y por allá decidí comer, revisando mis rutas de antes y de siempre, recordé que habia un restaurante bastante bueno, con meseras muy amables y sin perros que estar pateando,fue una buena comida.
Ya lleno, descubrí que estaba mal el dicho: Barriga llena, corazón... casi no puede respirar. No me sentía más feliz por haber tragado, al contrario, cuando comía se me antojó que estuvieras ahí conmigo, no podría haberte invitado, pero de todas maneras, que estuvieras ahí. Son tantas las calles donde me faltas y pocos los espacios donde me llenas.
Volví a revisar mi celular y descubrí que el mundo había seguido girando mientras vagaba y me atascaba de grasa; de repente, mi corazón sonrió junto con mi cara, pero no eras tú, seguía siendo mi compañía, que se estaba ganando mi cariño a la fuerza por ser la única que me escribía.
Eran las tres de la tarde otra vez y ya habían pasado varios días... Lo peor de una noche linda es que tú no estás conmigo ni tampoco formando parte de las estrellas.
Siempre te estuve recordando, ya fuera por los besos que me diste o por los que siempre faltan.
De regreso a la soledad de mi cuarto empecé a sospechar que lo que más lastima son los recuerdos.en fin, en todos lados, mientras tú te disponías a hacer tu corazón de nuevo, esta vez, sin mí.
Me metía a los sitios donde solía encontrarte, pero tus actualizaciones me decían que habías hecho otro o que simplemente ya no frecuentabas aquellos rincones, me fui haciendo a la idea de que ahora tenía que pedirle permiso a tu pareja para poder evocarte en las canciones, que ya no eras mi princesa y que mi ventana ya no daría hacia tu mirada, que mis fugas tendrían una persona menos, que mi cama no necesitaría otra almohada. Hablaba más conmigo y me entendía menos, ahora sé que los monólogos y soliloquios son paracaídas y vendas para no ver el suelo.
Quisiera saber de ti, haz una llamada. Mi corazón es pajarito que no sueña, mi destino es hielo en primavera, arpa sin plumas, pájaro sin cuerdas.
Aun conservo el pelo corto por si me ves, no me confundas, tengo tantas preguntas que hacerte, tantos cuentos que decirte, tantas llamadas que darte y tú ¿Tienes algo para mí?
He aprendido cosas nuevas, la paciencia es casi mi vecina, curiosamente.
Tocan la puerta y vestida de negro llegas tú, entonces me miras, suspiras hondamente, mi corazón te abraza fuertemente y mi cabeza dice “dile que te firme un papel, hazla que se quede”, y reflexiono, tienes razón, ya ha pasado tiempo, te miro llena ilusiones, con esa mirada de fuga que te caracteriza, con tus manos artesanales, boca, qué boca, prendida en tu rostro como diamante adornándolo todo... “Hazla que se quede” recuerdo, entonces te miro, subes la mirada mientras tus uñas labran mi espalda, mientras tu presencia invalida mi carta-recorrido, mientras tú presencia le da en la madre a mi actitud idiota de ponerte en punto y aparte, como si eso se pudiera.
--¿Te quedas?—
Hay un silencio –No—respondes
--¿ Te Vas?
- Si
--¿Cuánto tiempo?—
--Para siempre---
Y ese para siempre aun dura quien sabe hasta cuando.
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