Te amo.
Me enamoraste con tu impecable
dulzura en la mirada,
con esos ojos llenos
de picardía risueña
y tu blusa de ninfa
acalorada.
Fuiste la musa
eterna de este espacio
donde la convergencia
nos trajo, sin pensar
en cielos de horizontes
lejanos
intangibles.
Te amo porque ríes
a través del cristal.
Llévame, niña linda,
entre tus brazos
como flores cargadas
sin cestas de pasear.
Llévame al paraíso
de tus ojos melados.
No me regreses más.
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