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miércoles, 4 de enero de 2012

Enamorado

Ella es divina, sencillamente divina. Sus senos redondeados y eternamente codiciables, sus ojos de mujer inocente, su mirada que no lograba ocultar la belleza de su interior. Muchas veces me sentí culpable de haberla deseado tanto a escondidas, pero no era mía la culpa. La culpa debía de ser de ella, no soy el culpable de que exista mujer tan hermosa como ella, de que en un cuerpo lindo, esbeltamente moldeado, de cabellera hermosa, tan hermosa como sus ojos, de mirada tan tierna como la de ella, y más tierna aun cuando sonríe se escondiera tanta hermosura. Quizás ella no tenga la culpa de ser hermosa, definitivamente la culpa la tuvo Dios, el fue quien se detuvo a moldearla tan perfecta, tan bella. Pero fue ella la que eligió ser tierna.

Nunca le exprese que desde que la vi por primera vez quede hechizado con su cuerpo. Para suerte mía (o castigo de Dios), se sentaba frente a mi en la oficina donde trabajaba mi madre. No hablábamos mucho, pero en los pocos momentos que intercambiamos palabra de índole personal pude saber las pocas cosas que nunca podré olvidar de ella.

Planeé en silencio acercarme a ella. No lograba encontrar la forma de poder tener a una mujer que a sus 23 años estaba tan perfecta como muy pocas a menos edad. Creo que me sentía intimidado por su hermosura.

Estaba convencido que me estaba obsesionando. Era mayor que yo, Tenía 7 años más que yo. Pero eso no me importaba, como tampoco me importa ahora. Estaba dispuesto a aprender de ella, estaba dispuesto a entregarme a ella, estaba dispuesto a juntar mi mundo con el de un ángel.

Maldije el pudor que hace tener la religión, pero a la vez me di cuenta que quizás eso era lo que la mantenía sola. Y no porque se merecía estar sola, más bien porque la quería para mí. Pero no sabía como atravesar esa barrera que había impedido que tantas personas llegaran a ella.

Debía encontrar una forma de llegar a su corazón de una forma que me permita quedar en el. Quise invitarla al cine, pero pensé en un millar de razones por las que no debía hacerlo. Me imagine cocinando para ella, llevándola a su casa, estudiando junto, viviendo juntos, saliendo juntos. Pero no logre encontrar la forma de llegar a ella.

Al final de todos mis intentos decidí con mucho dolor abandonarme a soñar con ella y alimentar mis sueños con los momentos que compartiéramos juntos. Pero el destino es cruel, la puso tan cerca de mi cuando mi determinación aun era débil. Si lograra tener la oportunidad de decirle por una vez lo mucho que la quise en silencio, aunque no corresponda mi sentir, le expresara con todo lo que por ella haría. Y quien sabe, quizás ella hasta me corresponda. Pero son solo ilusiones, se que se fue para no volver. Lo que nunca comprendí fue porque me escribió esa carta. Después de todo nunca compartimos nada, y nunca vi en ella el interés que yo si tenía hacia ella. Creo que debí haber leído la carta, quizás hoy fuera distintito.

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