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sábado, 7 de enero de 2012

Gilraen Númenessë

Las familias como en procesión se dirigieron al cementerio por ser un día especial, algunos visitaban el camposanto y comían sobre la tumba acompañados por el alma de su difunto, otros llevaban flores y limpiaban la sepultura ó rezaban. Una bandada de pequeñas mariposas blancas, revolotearon nerviosas sobre la cabeza de los visitantes. Una de ellas se posó en la mano de una bella joven.

Para ella, los cementerios no eran lugares pacíficos, sino lo contrario, le parecían llenos de finales intempestivos y sueños por realizar, de huesos y espíritus unidos en un alarido común de furia contra un destino no improvisto, arbitrario y violento, pensaba que eran pensamientos en proceso de formulación donde las frases no se habían alcanzado a terminar. Se detuvo cuando vio que se extendía en sus pies muchas lápidas prologándose hasta donde alcanzaba la vista, a ambos lados se veían mausoleos con elaboradas inspiraciones. En el mármol, estaba escrito con grandes caracteres el nombre de una antigua diosa, de la cual ella era la rencarnación, y cuyo nombre había heredado. Gilraen ”.

No le costó mucho encontrarla, descuidada se alzaba entre sus vecinas como un trozo de desierto en medio de un valle rico y fértil. Parecía abandonada, olvidada y se sintió avergonzada cuando se inclinó para sacar una maleza del terreno seco y polvoriento que rodeaba la tumba. Las raíces eran profundas y resistieron todos sus esfuerzos. Le ardieron los ojos y las lágrimas empezaron a borrar el nombre escrito en la piedra, de pronto, observó a una anciana que además, era vista por muchos. Algunos aseguraban que estaba allí para llevar tierra, pero solo estaba dejando unas flores a sus difuntos. La veterana tenía fama de ser bruja, esto lo sabía la joven, así que cuando la anciana se fue, Gilraen se dispuso a seguirla.

Cuando la anciana puso en fuego lento el chocolate, y acariciaba a su gato, escuchó tocar la aldaba de la puerta la cual abrió y reconoció de quien se trataba. La belleza de Gilraen era conocida por toda la región, su fina piel resaltaba con su clara y larga cabellera que caía en su espalda y donde destacaba un curioso lunar, poseía un brillo especial en sus ojos, y una voz sensual y hablar pausado, con un cuerpo de diosa griega que cuando caminaba incendiaba las miradas de todos aquellos mortales que tenían la fortuna de admirarla.

Gilraen entró, y se sentaron en el comedor, la anciana se dirigió a la cocina a servir el chocolate, luego conversaron amenamente sobre todo tipo de temas. La anciana sabía el porqué de su visita, tomó la taza de Gilraen y con la mirada fijamente escrutó el futuro en el poso de la taza. Este era un don que la anciana había heredado de su familia.

La octogenaria predijo una boda próxima, con una llovizna menuda y el paisaje circundante sería escasamente visible, la taza también revelaba que Gilraen estaría para esa fecha muy triste. Veía también a un hombre al que ella había querido mucho y que abandonó.

Gilraen se despidió de la anciana dándole las gracias y se dirigió a su casa. Tres días después, la joven de extraña apariencia de diosa griega se encontraba por muchas horas frente al espejo, con el vestido de novia y sintiendo una congoja profunda, era como un cuadro donde solo se aprecia tristeza y belleza con la luna como testigo.

Sacó de un pequeño cofre una carta, la desdobló y la leyó. Se trataba del último poema, donde se expresaba que él estaba embriagado con una devoradora y ardiente pasión, y con un desbordante anhelo como jamás hubo sentido y cuya firma era un agradecimiento por tener la gloria y el privilegio de conocerla y ser un enamorado del amor.

Gilraen recordó que en uno de tantos días del mercado, de su canasto cayó una fruta y un joven se la entregó y por decisión del destino, ambos quedarían instantáneamente atrapados en las redes del amor, desde ese momento, se demostrarían su afecto escribiéndose cartas con toda formalidad, al grado de no dirigirse al otro de tú sino de usted.

Un leve vapor cubría las calles, y llovía sin parar, tal como lo había dicho la anciana. Los invitados llegaban a la puerta de la iglesia corriendo por la lluvia, la gente sin paraguas corría por las aceras mojadas en busca de refugio, Gilraen se dirigía al templo con ayuda de sus hermanas, una la protegía con un paraguas de esos que se llaman familiares, otra tomaba la cola larga del vestido de novia, y la más pequeña llevaba entre sus manos una bolsa de arroz que dejó caer por culpa de un gato que se acercó asustado por el fuerte chaparrón y que le causó un tropezón.

El corazón de Gilraen se aceleró y comenzó a latir fuertemente, pero en la puerta del altar se detuvo y pensó que aunque la anciana había tenido razón en todos los acontecimientos, la predicción del destino era como esa lluvia, que aunque estuviera escrita, no significaba que tendría que mojarse, así que arrebató a su hermana la larga cola y a la otra el paraguas y se echó a correr.

Se refugió en un salón de la escuela que estaba en construcción, se sentó en unos ladrillos y se echó a llorar pero al mismo tiempo feliz, porque había soñado su vida, y ahora viviría su propio sueño.

Un hombre alto, de una cicatriz en la parte derecha de la cara, calvo, cuyos brazos eran musculosos y levantaba bultos de cemento como si no pesaran nada, y quien todos en el pueblo lo conocían con el nombre de Hercules, se le acercó, ofreció su pañuelo, y ella aceptó con una pequeña y vergonzosa sonrisa, se miraron a los ojos hasta verse el uno al otro el corazón.

y fue en ese momento que leyó una ultima carta:

Frecuentas horizonte rojizo
Pretendiendo el sol engañar
Tu brillo reflejas en cielo nocturno
Un privilegio poder contemplar

Aurora Polar, Boreal, Austral
Luz difusa predominante
Proyectas
Y rindes tu majestuosidad
Hemisférica singular

Tu Báculo extiendes
Como interminable brazo firme
En horizonte dispuesto
Incrementas tu brillo
Formando ondeantes rizos
Bandas
Y espirales como serpientes

Arte natural

Haces del cielo
Rayos de luz
Cual fino
Cabello de los ángeles
Que aplauden gozosos
Tu bondad

El alba vuelve calmo tu frenesí
Y la mañana
Marca
Luminosidad al recuerdo

Bueno espero que a Gilraen Númenessë (Daniela Garrote)le guste.

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